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lunes, 23 de junio de 2014

Desde mi sombrilla playera.

Playa de El Masnou


Montse tomaba el sol como siempre, yo, refugiado bajo la protectora sombrilla playera, me dedicaba a observar el entorno-mar  incluido- mientras iba intentando seguir con la lectura de “Narraciones extraordinarias”, de Edgar Allan Poe. Siempre intento leer en la playa, siempre me llevo algún libro, asunto complicado porque soy de muy fácil distraer con lo que ocurre a mi alrededor. Estaba con “La caída de la casa Usher” cuando llamó mi atención la llegada de una familia. A unos cincuenta metros a mi izquierda se habían acercado hasta la orilla siete pintorescos personajes; por observación o intuitivamente comprendí que se trataba de un matrimonio acompañado de sus dos hijas gemelas-de unos quince años-otro matrimonio con una hija de unos doce y un varón, tal vez hermano de alguien del grupo, de unos treinta años. Estaba claro por su aspecto físico, inconfundible, que todos ellos eran paquistanís.

Naturalmente, en una playa donde abundan las mujeres que practican el top-less, que otras se bañen con trajes para tal menester, compuestos de pantalón hasta los tobillos y camisas con faldones hasta las rodillas, hace que eches un vistazo y te dediques a observarlos con mucha atención, curiosidad y hasta con sentido crítico-que es lo primero que te pide el cuerpo, aunque no se quiera reconocer-y en eso dediqué algo más de una hora a partir de su llegada.

Una vez superados los primeros minutos de reflexiones que me molestaban a mí mismo por ser de contenido racista y de las que no estoy muy orgulloso, pero que me resultan inevitables aun a mi pesar, comencé a percibir detalles que hicieron retrotraerme a tiempos pasados, por ese fenómeno de sentirse uno totalmente identificado con lo que ve.

Hace cincuenta años solíamos ir toda mi familia a los Baños San Sebastián de la Barceloneta, no teníamos coche y lo hacíamos en tren. Llevábamos una gran cesta con todas las provisiones para pasar el día, fiambreras con conejo con tomate frito, ensalada con pepino, termo con gazpacho…etc. Mi madre se acercaba hasta la orilla de la playa completamente vestida y remangándose discretamente la falda se atrevía a acercarse lo suficiente como para que el agua le llegara hasta casi las rodillas, de ahí no pasaba. Mi padre se quedaba bajo la sombrilla y rara vez se metía en el agua y si lo hacía no iba más allá de donde le cubría hasta el cuello, apenas sabía nadar. Mis hermanas llevaban bañadores discretos de una sola pieza y mi hermano y yo no nos adentrábamos más de un metro de donde llegaban las olas. A todo esto mi abuela, totalmente vestida de luto y desde la arena, nos vigilaba intranquila.

Observando las evoluciones de la familia paquistaní recordaba aquellos momentos propios, cuando nuestra ingenuidad y desconocimiento del medio nos hacía tan cautos y a la vez nos proporcionaba tanta satisfacción la experiencia del mar, como algo extraordinario. Jugábamos en la orilla, con cada ola que llegaba, nos dejábamos sorprender alegremente con su empuje y nos revolcábamos sin dejar de reír una y mil veces sin apartarnos de allí durante interminables horas. Era como si pensáramos que tal vez no volveríamos hasta el próximo año y no podíamos desperdiciar ni un minuto de aquel fenómeno tan escaso y atractivo.

Terminábamos rendidos, extenuados y hambrientos. Cuando llegaba la hora de comer, allí mismo sentados en la arena de la playa sobre un par de jarapas extendidas, lo hacíamos con un hambre atroz, tal vez por el ambiente salino del mar, los abundantes tragos de agua salada accidentales  por falta de práctica, o por el ejercicio desacostumbrado en ese ambiente y la adrenalina que corría por nuestro cuerpo debido a la excitación vivida.

La familia paquistaní hacía exactamente lo mismo que recuerdo de nosotros, con el añadido de que no pararon de hacerse fotos y filmarse unos a otros en todas las situaciones. Los tiempos han cambiado desde entonces y ahora disponer de medios tecnológicos para inmortalizar el momento es de lo más fácil, pero aparte de ese detalle la actitud era la misma; disfrute inocente, con la  ingenuidad de unos chiquillos que tienen pocas ocasiones de ver el mar.

Montse y yo estuvimos comentando que cuando llegaran a casa por la noche caerían rendidos en la cama, agotados y felices de haber pasado un día inolvidable. Incluso le recordé que tal vez les ocurriría como a mí que esa noche, después de un intenso día de playa, despertarían en varias ocasiones escuchando el monótono y rítmico sonido de las olas a su llegada a la orilla donde ellos chapoteaban.

El resto de bañistas, que había en ese momento, estaban a lo suyo; unos tomando el sol, otros dentro del mar, nadando. Ninguno jugando en la orilla. Y es que a estas alturas de nuestro desarrollo todos sabemos nadar, mayores y pequeños, hombres y mujeres…a  diferencia de la familia paquistaní que ninguno de ellos sabía, por lo que incansablemente, y mientras reían y jugaban, miraban a sus espaldas para asegurarse de que no se iban metiendo poco a poco, más y más en el inmenso mar.

Estuve a punto de hacerles una fotografía con mi móvil, para usarla luego en este Blog, pero desistí al pensar que sería un poco como una violación a su intimidad, su naturalidad y sana alegría me conmovió, por lo que he optado por hacerles este pequeño homenaje anónimo y no abusar de tanta tecnología delatora que todo lo desvirtúa en ocasiones.





jueves, 28 de noviembre de 2013

Jennifer, ¿tú has notado algo?






Se ve que, sin saberlo, he pasado una noche turbulenta porque esta mañana me he levantado cansado, como si hubiera estado haciendo un duro ejercicio durante largo tiempo.

Nada más  poner un pie en el suelo me ha venido a la cabeza la imagen de Jennifer López. En ese momento, y aunque de forma difusa, he comprendido a quién debía el extraño agotamiento general de mi cuerpo. He visto claro que era por haber estado soñando con ella.

He intentado, acto seguido, rebobinar el disco duro de mi cabeza, entusiasmado, con la vana esperanza de visualizar los fotogramas de la película de ese sueño. No he tenido éxito; como siempre, al menos a mí me ocurre indefectiblemente, cuanto más me he esforzado en recordar más difuso y lejano se hacía ese sueño; hasta el punto de no recordar absolutamente nada. Una única imagen; Jennifer vestida de camarera de hotel y sin movimiento alguno, solo esa imagen fija como una fotografía.

El asunto está claro; anoche vi en televisión una película suya en la que encarnaba (nunca mejor dicho) a una camarera de hotel de la que se enamora un personaje del panorama político norteamericano. 
A lo largo de la mañana he ido dando vueltas al asunto y llegado a una decisión, buscar el email de Jennifer en la Red y enviarle un correo con una simple pregunta: “Jennifer, ¿tú has notado algo?”

Ya sé que nos separan 8.000 kilómetros y que lo que haya habido entre ella y yo pertenece  a ese mundo desconocido de lo Onírico pero, ¿quién nos asegura a ciencia cierta que es solo una fantasía de nuestro cerebro lo que vivimos cuando soñamos? Si estamos en un mundo globalizado donde todos los pueblos están interconectados en el plano físico, ¿por qué no puede ser que también sea así en el otro, en el virtual o inmaterial?...que es donde se supone que se desarrolla toda esa actividad psíquica, incluidos los sueños.
  
No deja de ser una putada que seamos conscientes de nuestro cuerpo, nuestro entorno…de todo lo exterior a nosotros y sin embargo ese otro “Yo” oculto de nosotros mismos vaya a su libre albedrío sin darnos la oportunidad de controlarlo.

¡Me niego!, no acepto que no seamos conscientes de esa parte inconsciente que, siendo la otra parte de un todo, que somos nosotros, no tengamos control sobre Él. ¿Somos dos individuos en uno? Si es así, ¿qué sentido tiene que no nos conozcamos mutuamente y podamos interactuar a voluntad bilateralmente?

No me conformo, necesito tomar las riendas de “mi Todo” al completo. Exijo conocer todo el paquete, no ser consciente tan solo de una parte.

Cada vez estoy más convencido de que la clave de esa falta de control se encuentra en mi niñez y la culpable no es otra que la mismísima  Iglesia Católica. Me explico: de niño fui abducido por esa secta milenaria invasora de conciencias. Sí, como suena, ellos son los culpables de esa desconexión entre mis dos “Yo” ya que una vez abducido me implantaron un chip virtual en el cerebro, lo llaman autocensura y su finalidad no es otra que la de evitar el recuerdo consciente de todo  acto libidinoso de pensamiento. Ese chip actúa de manera que nos resulte imposible recordar, una vez despiertos, cualquier sueño de contenido inmoral, impuro y pecaminoso según su criterio.

De esa manera no hay remordimiento por los actos cometidos en el sueño, que es donde damos rienda suelta a nuestro verdadero y más puro “Yo”. Donde nos manifestamos como en realidad somos, no como nos han enseñado a ser, o creer que somos.

Aquellos alienígenas con sotana negra me abdujeron y manipularon a su gusto cuando más indefenso y frágil era, en la  niñez; que es cuando el individuo es más manipulable.

Y digo alienígenas  con toda legitimidad ya que fue su propio jefe el que en un momento glorioso de su exiguo paso por nuestro planeta dijo aquello de: “Mi reino no es de este mundo”. ¡Más claro el agua! Llegó, inoculó el germen y se fue tan pancho. Luego sus agentes, repartidos por lugares estratégicos de nuestro mundo, se encargaron del resto; distribuyeron millones y millones de implantes en nuestros cerebros obteniendo una cosecha provechosa y duradera. Hoy somos más de dos mil millones de infectados o abducidos contra nuestra voluntad.

Llegados a este punto me veo en la necesidad de encontrar una justificación a mi “infidelidad” conyugal y virtual, o presunta infidelidad cometida por el hecho de haber tenido un afer con Jennifer. Para nivelar la balanza o buscar el equilibrio necesario en mi conciencia voy a echar mano de una teoría: El efecto mariposa, que viene a decir algo así:

“Concepto que hace referencia en la noción del tiempo a las condiciones iniciales dentro del marco de la teoría del caos. La idea es que, dadas unas condiciones iniciales de un determinado sistema caótico, la más mínima variación en ellas puede provocar que el sistema evolucione en ciertas formas completamente diferentes. Sucediendo así que, una pequeña perturbación inicial, mediante un proceso de amplificación, podrá generar un efecto considerablemente grande a mediano o corto plazo de tiempo.

Su nombre proviene de las frases: "el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo" (proverbio chino) o "el aleteo de las alas de una mariposa puede provocar un Tsunami al otro lado del mundo" así como también "El simple aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo".

Este nombre también fue acuñado a partir del resultado obtenido por el meteorólogo y matemático Edward Lorenz al intentar hacer una predicción del clima atmosférico.”

Entendido esto es fácil aceptar que el simple movimiento de las espléndidas nalgas de Jennifer y sus consecuencias en cadena, a través del espacio y el tiempo, termine por desencadenar un Tsunami de proporciones desconocidas, levantando una marea de penes, al estilo de ola gigantesca, como se puede ver en cualquier estadio de fútbol, de consecuencias impredecibles.

El eco de ese fenómeno, tal vez, sea la causa de mi agotamiento nocturno y el motivo de haberme levantado esta mañana con un cansancio general y del que no me queda siquiera el consuelo de haberlo disfrutado.

Es como esa frustración que te queda después de haber corrido absurdamente 10 kilómetros, sin alcanzar más premio que el propio reconocimiento, ya que no lo has hecho obligado por nada ni nadie.

Solo me queda la esperanza que por lo menos me haya comportado esta noche pasada, que haya dado la talla en mi encuentro con la divina culona. Que haya dejado bien alto el pabellón y la marca España no se cuestione por mi culpa.

Al despertar tenía claro que iba a escribir esto y así lo he hecho a lo largo de esta misma mañana y entre corte y corte de cabello, en mi establecimiento.

Esa es otra, ¿Cuándo di permiso yo para que la vida me hiciera barbero si a mí lo que me gusta es escribir, filosofar, divagar…y todos los “Ar” que estén relacionados con el mundo de la fantasía y lo extraterrenal?
Pensándolo bien y como diría mi tocayo Conan el Barbero: “…pero esa es otra historia”.
¡Jennifer, Jennifer…que no eres buena!...aunque lo estés.

sábado, 13 de julio de 2013

Escritor





Después de 4 libros auto editados, y una novela publicada oficialmente por una editorial, he vencido por fin ese pudor que sentía en autodenominarme "Escritor" de forma pública y dejando a un lado falsas modestias he decidido esta mañana cambiar en mi perfil lo que me identifica como profesional (aunque siga siendo peluquero como principal oficio). Me he atrevido a poner lo que legítimamente creo que ya puedo poner después de una trayectoria de más de quince años de dedicación y una obra literaria que no es una tontería: ¡5 libros escritos!





viernes, 5 de julio de 2013

Un adelanto...

Pequeño adelanto de la novela que estoy escribiendo en estos momentos.
La titularé "El cementerio de las mariposas". Está tal cual lo he escrito a la primera, no he hecho aun ninguna revisión del texto. No me he marcado ningún objetivo en cuanto a la fecha para terminarla, supongo que lo haré dentro de este año. Es lo que tiene escribir durante las horas laborables en el puesto de trabajo...a salt
o de mata.
"Ahora parecía que el desnivel había cambiado su inclinación, conforme Mariano avanzaba hacia la luz de la salida iba ascendiendo lentamente. Ya estaba a mitad del recorrido, siguió adelante sin parar hasta salir al aire libre. 
Lo que vio era increíble; ante sus ojos se abría un espacio comparable en dimensiones a un estadio de fútbol, flanqueado por paredes de roca viva con inclinación hacia su interior, semejante a un pequeño valle. En el aire flotaban a distintos niveles enjambres de variadas mariposas que, como olas marinas, oscilaban incansablemente. El suelo, de verde y fresca hierba, aparentaba un exótico tapiz plagado de minúsculos seres alados. Una verdadera orgía de color para el sentido de la vista que los rayos del sol aumentaba provocando destellos cegadores que se dispersaban en todas direcciones.
Mariano soltó la lámpara y notó que le temblaban las rodillas. Por un momento le sobrecogió el espectáculo y tuvo miedo. Pasó fugazmente por su cabeza la idea de ser atacado por ejército tan formidable en número y encontrarse de pronto en un torbellino que le asfixiara.
Ese primer pensamiento fue desechado rápidamente al darse cuenta que su presencia no había alterado en absoluto la armonía del lugar. La marea alada no cambió el ritmo ante su inesperada llegada, daba la impresión de que le estuviera esperando."   






miércoles, 24 de abril de 2013

3 años de mi primera aparición pública como escritor.

Debut Literario 24 Abril 2010

 Hoy, 24 de Abril de 2013 hace exactamente 3 años que aparecí públicamente para dar a conocer mi afición a escribir. Después de aquello escribí dos libros más, hasta ese momento había autoeditado dos libros de relatos y una novela corta. Mas tarde conseguí mi objetivo tan perseguido de ver una obra mía publicada por una editorial. De eso hace tres meses, fue el 17 de Enero de este año. Durante estos tres años he hecho varias presentaciones y  un buen número de firmas en librerías, pero lo de ayer fue la culminación de un viejo sueño; mi primer Sant Jordi respaldado por una editorial, hecho que disfruté en toda su esencia. Actualmente estoy tratando de seguir adelante con un proyecto que tengo un poco abandonado;  terminar una nueva novela: "El cementerio de las mariposas" de la cual adelanto el título con el fin de comprometerme a mí mismo, y ante quien me siga, de que la llevaré a cabo. Digo esto porque, y debido a mi indisciplina para escribir (cualidad mía que me encanta), eso me obligará más a aplicarme y terminarla de una vez. En mi entrevista en Radio Sabadell hice lo mismo, o sea que no hay escapatoria. Me gustan estos retos que me impongo a mí mismo.
" Cada maestrillo tiene su librillo y ninguna técnica es válida si no es la tuya propia."
Pd. la cita es mía, no intentéis asociarla a nadie conocido. Yo tampoco intento que sea cierta la reflexión.

martes, 18 de septiembre de 2012

Todos somos escritores (Algunos incluso escribimos)



Firma de libros de Andrés Hernández y Jesús Caudevilla



Es curioso cómo afecta a los demás esto de que uno le dé a la pluma (a la de escribir). Lo digo porque he podido comprobar que no hay una sola vez en que salga a relucir mi afición por las letras (siempre es porque el otro lo descubre, no porque vaya yo alardeando de ello por ahí) que no me encuentre con la misma cantinela por parte de mi interlocutor: “Yo es que no tengo tiempo”. “Muchas veces he pensado en escribir una historia que tengo pensada hace mucho”. “¡El día que yo me ponga a escribir mi vida…!”, etc. ¡Todos!, todos tienen una vida interesantísima que podría muy bien convertirse en una gran novela. Todos, todos tienen en mente escribir un libro pero les falta tiempo.
Punto uno: A casi nadie le interesa la vida de nadie a no ser que sea una estrella de cine, un artista o algo similar. Con ese fin se inventó la literatura, para crear ficción; presentar la vida de una forma más fantástica y amena, no una vida tediosa y aburrida, que es la de la mayoría de todos nosotros.
Punto dos: No es la falta de tiempo el impedimento principal para lanzarse a la aventura de escribir. No. Es la falta de decisión, ilusión, ganas y tener una mínima cualidad para ello. Hay personas que tienen un talento innato para contar chistes. Otros para cantar, dibujar, hacer piruetas gimnásticas…y luego los hay que se sienten escritores desde que tienen uso de razón. La cosa está clara: O se tiene o no se tiene.
Como dice mi amigo y colega literario Jesús Caudevilla: “Cuando les preguntas si han escrito algo alguna vez dicen que no. ¡Quieren ser escritores sin haber escrito nunca un solo folio en su vida! ¡Es como querer ser Messi sin haber jugado nunca al fútbol!, sin esfuerzo alguno".
Esta mañana me decía alguien conocido, y después de descubrir por primera vez en años que he escrito algunos libros, que si yo le escribiría su vida (otro que tal, el caso es no esforzarse; que se lo haga otro), su interesantísima vida.
Le he respondido descaradamente que no. “¿Tú dictándome y yo escribiendo? Eso no tiene valor alguno. El escritor se siente realizado creando él, no escribiendo al dictado”. Le he alentado a que se ponga él a hacerlo si tan extraordinaria considera que ha sido su vida.
Todo el mundo cree que lleva un escritor dentro (tal vez conozcan aquella célebre frase- ahora no recuerdo si es de Vargas Llosa- “Escritor es todo aquel que escribe”) y que si se decidiera (y tuviera tiempo) sorprendería lo que dijera, sería un éxito total de ventas.
No tienen la menor idea de lo difícil que resulta llenar las páginas en blanco y además hacerlo de manera soportable para el lector. No se hacen una idea de las dificultades que el escritor encuentra en cada frase, cada palabra hasta componer una armonía , un ritmo y una musicalidad en cada frase, en cada expresión o descripción que haga que el lector se sienta animado a seguir adelante.
Desconocen que el lenguaje hablado, coloquial y cotidiano no sirve más que para los diálogos de los personajes (y no para todos por un igual) mundanos. Que hay que diferenciar entre el narrador y los personajes. Que cada uno de ellos tiene su propia voz. Que hay un lenguaje literario y otro para comunicarnos con los demás físicamente.
Solo saben que tienen una gran historia que contar, su propia vida; algo que tiene que interesar, sin duda alguna, a todo el mundo.
Precisamente el personaje de esta mañana no habla de otra cosa que no sea sexo. Ese es todo su mundo: mujeres, mujeres y más mujeres. Es de los que lo único que les interesa de ellas es lo que tienen entre las piernas, nada, ni una sola palabra de sentimientos; sexo y más sexo, conquistas y machismo a raudales. ¡Qué gran Bestseller! Seguro que le daban el Nobel.
¡Pobre infeliz!
Luego está la otra parte; cuando empiezan a interrogarte con la única intención de quedarse tranquilos, de averiguar la verdad sobre tu autoría en lo que escribes: “¿Todo eso te lo escribe alguien? Quiero decir; ¿tú das la idea y alguien te lo escribe?”, me preguntó ayer mismo un conocido (buen hombre por cierto, sin maldad). No puede ser que yo, un igual, sea capaz de escribir una novela cuando para él eso sería una empresa casi imposible.
“¿Te inspiras en cosas que te cuentan?”, me pregunta la mayoría. No están dispuestos a aceptar que yo tenga algo que ellos no tienen, imaginación. Forzosamente tengo que inspirarme en cosas y casos de otros, yo soy igual a ellos, ¿cómo voy a tener ese talento para crear historias si a ellos no se les ocurre nada?
Y el broche de oro: Cuanto más cercanos a ti son más te cuestionan: “Te advierto que a mí no se me escapa ni una falta de ortografía, ya te diré las que he encontrado cuando lo termine”. Eso sí, de análisis del texto, argumento y demás nada.
También está lo de: “A mí no me la pegas, hay relatos en tu libro con un estilo casi de aficionado y de repente otro tiene un estilo que nada tiene que ver en la forma de narrar, en las descripciones tan afinadas, las expresiones…Estoy convencido de que algunos de los relatos de este libro no los has escrito tú, dime la verdad”.
Y para rematar está aquello de querer demostrarte que él lo habría hecho mejor: “Yo en esa historia hubiera cambiado la parte en que…” o “El final no me convence, yo le hubiera puesto…”
¡Todos!, todos somos grandes escritores, lo que ocurre es que somos muy pocos los que de verdad nos atrevemos a escribir (los demás es que no tienen tiempo).
Como dije en una presentación de uno de mis libros: “Escribir es un acto de valentía y de generosidad”. El que de verdad escribe, quien no se queda en el “yo escribiría…”, me entenderá.

PD. Soy consciente de que he generalizado y tengo que reconocer que los hay solidarios con el autor y admiran su atrevimiento, incluso te leen con admiración…o por lo menos con cariño.

viernes, 14 de septiembre de 2012

"¡A la mierda!"






“Cada maestrillo tiene su librillo”. Creo que esta cita, refrán o frase popular (no sé bien en qué grupo encaja) es una afortunada definición para encabezar este comentario  de hoy sobre mi última novela.

Todo partió a raíz de escuchar tres palabras que dijera en su momento el actor Fernando Fernán Gómez. Fue en la firma de uno de sus libros y dirigidas, con su ira habitual, a un admirador que le urgía para que le dedicara un ejemplar que acababa de adquirir: “¡A la mierda!”Aquellas tres palabras dieron tanto de sí que, inspirado en ellas y en el tono que fueron dichas, terminaron por convertirse en una novela de cuatrocientas páginas llenas de situaciones a cual más disparatada o cómica. Desde luego dieron mucho juego y despertaron hasta la saciedad la imaginación de este autor.

Decía al principio lo de que cada maestrillo tiene su librillo porque está comprobado en esto de la creatividad que no vale ninguna regla, que no se puede generalizar en lo relacionado a llevar a cabo una obra. Hay quien asegura que la inspiración no existe y lo que sí es cierto es que la inspiración no es otra cosa que: “Trabajo, trabajo y más trabajo”. También se ha dicho, sin validez alguna bajo mi punto de vista, :”Cuando llegue la inspiración que te pille trabajando”…y no sé cuantas frases hechas más que no tienen ninguna prueba que lo avale ya que cada cual siente y le mueve distinto resorte para decidirse a afrontar el reto de escribir.

A mí, personalmente, me inspiró la forma despótica, histriónica y casi cómica en que esas tres palabras, que dan título a este comentario, se dijeron y creo que el resultado ha sido lo mejor que he escrito hasta ahora.

Lamentablemente el actor, y personaje principal de mi novela, murió cuando ésta estaba a medio hacer porque me hubiera gustado enviársela para conocer su opinión. ¿Me hubiera mandado a la mierda a mí también? Nunca lo sabré. Yo creo que de haber sido así hasta me habría hecho gracia. Pero lo que no estoy dispuesto a consentir es que lo hagan las editoriales. Ahí sí que no.

He enviado el manuscrito a una veintena de editoriales y con muy buenas maneras me lo han rechazado. Lo hagan como lo hagan no deja de ser lo mismo: me han mandado a la mierda.

A otras las he mandado yo después de comprobar la frustración  que produce el hecho de creer por un momento que están interesados en tu trabajo y luego descubres que son editoriales de copago. Te hacen ver que tu novela les ha gustado mucho (incluso algunas hacen un exhaustivo análisis del texto, demostrando que lo han leído al completo), que tiene posibilidades, para terminar mostrándote la lista de tarifas según el tiraje por el que te decidas.

Entre las que me mandan a la mierda (negándome la publicación-que para mí es lo mismo) y a las que mando yo (negándome a pagar por algo que he hecho yo) anda el juego.

Voy a seguir intentándolo porque creo en el producto que ofrezco y nada me va a arredrar. O sea que “A la mierda” (y a dos bandas) va a seguir en vigor durante más tiempo (espero que poco), lo que me demuestra con toda certeza que la inspiración existe, que a veces se trata tan solo de una palabra, un gesto, de una idea fugaz como un relámpago que hace que te pongas manos a la obra y febrilmente des forma a todo un universo de acontecimientos, des vida a unos personajes y compongas un enorme puzle hasta que sea algo legible, visual…y aceptable.

Conclusión; no voy a renunciar a cumplir mi sueño de publicar. “El Camino de don Fernando”, aunque sea largo, tendrá un punto final y llegará triunfante a la meta fijada. 
Aquel momento de inspiración no será en vano.

sábado, 4 de agosto de 2012







El año pasado estuve prácticamente dedicado a terminar mi novela "El Camino de don Fernando". Todo el tiempo libre que me permitía mi trabajo lo ocupaba en documentarme así como idear los siguientes pasos que mis personajes debían andar para llevarlos a buen puerto.  Por fin llegué con ellos hasta la catedral misma de Santiago de Compostela y pude así librarme de labor tan ardua. Puse la palabra Fin el día seis de febrero a las doce y veinte del medio día. 
 Me quedé con una sensación extraña; una especie de vacío a la vez que un sentimiento de liberación. Todo ello acompañado de una desazón; había dejado a un lado por demasiado tiempo mi afición a la lectura. Una vez concluida la novela no me apetecía embarcarme en una nueva aventura literaria, era como si hubiera quedado saturado después de crear 400 páginas de diálogos, situaciones surrealistas, descripciones sin fin...lo vi claro, tenía que recuperar el tiempo perdido leyendo todo lo que tenía en la trastienda aparcado, esos libros que se van dejando durante años porque apetecen otros antes que ellos. 
Me puse manos a la obra el día 14 de Febrero  y hoy 4 de Agosto he podido comprobar todo lo que me estaba perdiendo.Aquí dejo la lista de lo leído en estos meses. La mayoría de sus páginas en el autobús a la ida y a la vuelta de mi trabajo. Algunos autores me han sorprendido muy favorablemente, como por ejemplo Juan Rulfo, John Steibeck o Rudyard Kipling, por su narrativa tan afín a mi gusto personal. Otros como Juan Marsé o Jerzy Kosinski me han aburrido soberanamente pero de todos ellos seguro que he aprendido algo:

Juan Rulfo:   En la madrugada y otros cuentos.
Camilo José Cela:   Café de artistas.
Gonzalo Torrente Ballester:   Los cuadernos de un vate vago.
Juan Marsé:   Los misterios de colores.
Guillermo Cabrera Infante:   Arcadia todas las noches.
Miguel Delibes:   La partida.
Herman Hesse:   En el balneario.
Nadine Gordimer: Los compañeros de Livingstone.
Nadine Gordimer: La historia de mi hijo.
Patricia Highsmith: La coartada perfecta.
John Steibeck: La perla.
Jerzy Kosinski: El ermitaño de la calle 69.
Heinrich Böll: El pan de los años mozos.
Mario Vargas Llosa: Los jefes.
Isaac Asimov: Los propios dioses.
Julio Cortázar: Las armas secretas.
Grahan Green: El tercer hombre.
Gabriel García Márquez: La hojarasca.
Manuel Vázquez Montalbán: Asesinato en Prado del rey.
Truman Capote: Ataúdes de artesanía.
Truman Capote: A sangre fría.
Michel Ende: El espejo en el espejo.
Albert Camús: La peste.
Thomas Man: La muerte en Venecia.
Herta Müller: En tierras bajas.
Rudyard Kipling: Kim.
Gandhi: Política de la no violencia
Martin Luther King: Un sueño de igualdad.
Thoreau: Desobediencia civil y otros escritos.
Lorca: Bodas de sangre.
Paul Lafargue: El derecho a la pereza.
Umberto Eco-Carlo María  Martini: ¿En qué creen los que no creen?
Luigi Pirandello: Seis personajes en busca de autor.
Tomás Moro: Utopía.
Schopenhauer: Los dolores del mundo.
Jesús Caudevilla:
  • Amanecer en el Pacífico.
  • El castigo de un dios llamado ADIS.
  • Y el dios llamado ADIS venció.
  • Alborada.
  • El vuelo de Ícaro.
  • Las cañadas de Achinech.
  • Encuentros en el Sobereign.
  • Un recuerdo azul.
  • Sin mordazas.
  • Soledades y silencios.
  • Los silencios del Papa Luna.
  • Cuarenta y nueve más uno.
  • Así éramos.
  • Calçats Núria 1932-2012.      

Jaime Pérez Álvarez: La carta a Halem:
Bertrand Russell: Elogio de la ociosidad.
Agatha Christie: Diez negritos.
Agatha Christie: El misterioso caso de Styles.
Edgar Allan Poe: Aventuras de Arthur Gordon Pym.
Friedrich Nietzsche: Así habló Zarathustra.
Diderot: Escritos filosóficos.
Esquilo: Tragedias.
Dalai Lama: Hacia la paz interior.
Francisco de Quevedo: Migajas sentenciosas.
Homero: Odisea.
Pablo Neruda: Veinte poemas de amor y una canción desesperada.
J.G. Ballard: La isla de cemento.