viernes, 14 de septiembre de 2012

"¡A la mierda!"






“Cada maestrillo tiene su librillo”. Creo que esta cita, refrán o frase popular (no sé bien en qué grupo encaja) es una afortunada definición para encabezar este comentario  de hoy sobre mi última novela.

Todo partió a raíz de escuchar tres palabras que dijera en su momento el actor Fernando Fernán Gómez. Fue en la firma de uno de sus libros y dirigidas, con su ira habitual, a un admirador que le urgía para que le dedicara un ejemplar que acababa de adquirir: “¡A la mierda!”Aquellas tres palabras dieron tanto de sí que, inspirado en ellas y en el tono que fueron dichas, terminaron por convertirse en una novela de cuatrocientas páginas llenas de situaciones a cual más disparatada o cómica. Desde luego dieron mucho juego y despertaron hasta la saciedad la imaginación de este autor.

Decía al principio lo de que cada maestrillo tiene su librillo porque está comprobado en esto de la creatividad que no vale ninguna regla, que no se puede generalizar en lo relacionado a llevar a cabo una obra. Hay quien asegura que la inspiración no existe y lo que sí es cierto es que la inspiración no es otra cosa que: “Trabajo, trabajo y más trabajo”. También se ha dicho, sin validez alguna bajo mi punto de vista, :”Cuando llegue la inspiración que te pille trabajando”…y no sé cuantas frases hechas más que no tienen ninguna prueba que lo avale ya que cada cual siente y le mueve distinto resorte para decidirse a afrontar el reto de escribir.

A mí, personalmente, me inspiró la forma despótica, histriónica y casi cómica en que esas tres palabras, que dan título a este comentario, se dijeron y creo que el resultado ha sido lo mejor que he escrito hasta ahora.

Lamentablemente el actor, y personaje principal de mi novela, murió cuando ésta estaba a medio hacer porque me hubiera gustado enviársela para conocer su opinión. ¿Me hubiera mandado a la mierda a mí también? Nunca lo sabré. Yo creo que de haber sido así hasta me habría hecho gracia. Pero lo que no estoy dispuesto a consentir es que lo hagan las editoriales. Ahí sí que no.

He enviado el manuscrito a una veintena de editoriales y con muy buenas maneras me lo han rechazado. Lo hagan como lo hagan no deja de ser lo mismo: me han mandado a la mierda.

A otras las he mandado yo después de comprobar la frustración  que produce el hecho de creer por un momento que están interesados en tu trabajo y luego descubres que son editoriales de copago. Te hacen ver que tu novela les ha gustado mucho (incluso algunas hacen un exhaustivo análisis del texto, demostrando que lo han leído al completo), que tiene posibilidades, para terminar mostrándote la lista de tarifas según el tiraje por el que te decidas.

Entre las que me mandan a la mierda (negándome la publicación-que para mí es lo mismo) y a las que mando yo (negándome a pagar por algo que he hecho yo) anda el juego.

Voy a seguir intentándolo porque creo en el producto que ofrezco y nada me va a arredrar. O sea que “A la mierda” (y a dos bandas) va a seguir en vigor durante más tiempo (espero que poco), lo que me demuestra con toda certeza que la inspiración existe, que a veces se trata tan solo de una palabra, un gesto, de una idea fugaz como un relámpago que hace que te pongas manos a la obra y febrilmente des forma a todo un universo de acontecimientos, des vida a unos personajes y compongas un enorme puzle hasta que sea algo legible, visual…y aceptable.

Conclusión; no voy a renunciar a cumplir mi sueño de publicar. “El Camino de don Fernando”, aunque sea largo, tendrá un punto final y llegará triunfante a la meta fijada. 
Aquel momento de inspiración no será en vano.

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